En “Mi historia, mi esperanza” seguimos dando voz a la superación personal

“Mi historia, mi esperanza”

Mi nombre no es lo más importante de esta historia, podría llamarme Juana, John o Mary , no sé, cualquiera de entre todos los miles de enfermos mentales que hay en nuestra aldea global.

Es difícil aceptar que se tiene una enfermedad mental, empezando por uno mismo, la sociedad y la familia, es decir, desde el momento que conectas con el estigma.

Yo presenté problemas psicológicos desde la infancia, y la pregunta es, ¿Cómo tratar problemas de psicología infantil en la España de los sesenta?. Después de hacer el camino y visitar a todos los médicos organicistas, en mi adolescencia se me abrió con veinte años una preciosa luz, todos mis problemas eran de origen psíquico. Desde entonces comencé a afrontar y trabajar con una psicóloga una ardua y dura psicoterapia que fue la clave para engancharme a la vida. Después de este trabajo psicoterapéutico, durante diferentes épocas de mi vida he necesitado acudir a centros especiales rehabilitación  psicosocial, en todos los sitios por los que  he estado he encontrado retos que alcanzar y viejos miedos que superar, siempre mirando hacia adelante.

Mi enfermedad mental es sólo una parte de mí que cuido con esmero, pero soy una mujer bastante heterogénea y con bastantes cualidades personales. Tenemos que hacernos conscientes que la enfermedad mental puede y debe ser tratada como cualquier otra enfermedad ordinaria. Debemos saber que hay que cuidarla meticulosamente, pero os lanzo un reto, luchemos para que el estigma desaparezca y para eso hay que trabajar socialmente, y darnos a conocer porque no somos ni apestados ni invisibles.

Estamos aquí; ADELANTE.

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